Marea de recuerdos
Viernes por la tarde. Caminando por el puerto con mi cuaderno de notas. Llego a la playa, me siento en la arena, me quito los zapatos y dejo que el agua acaricie mis pies. Otra vez empiezo uno de mis poemas mientras las gaviotas me acompañan con sus ruidosos gritos.
“La suave espuma del mar baña mis pies...
luego se va y regresa..”
No soy capaz de sacar ni una palabra más. Puede que no valga la pena escribir esto, porque todas las palabras que te quiero decir se me rompen enseguida. Me siento como un árbol sin raíces desde aquella mañana en que nos dejamos de ver.
Las lágrimas caen de mis ojos sin querer cuando miro al horizonte y recuerdo aquellas tardes de verano que pasábamos juntos viendo el tímido atardecer que enrojecía todo el cielo al ruborizarse. Ahora mi mente deja fluir las ideas que reflejo en el papel, al igual que un artista con su pincel al lienzo.
“regresa con recuerdos,
me habla de los delitos
de aquel pobre pecador.”
Vuelvo a mirar hacia arriba. La noche ya ha entrado sin llamar a la puerta y se ha cubierto con un manto de estrellas.
“Lo mejor del cielo era el brillo de la luna
hasta que vi tus ojos mirándome.”
Sé que quizá haya sido tan solo un amor de verano, pero no dejo de pensar en tí. Mientras estoy sentada sobre este suelo de infinitas piedrecillas en la playa, siento que tu te escurres como cuando intento coger la arena con las manos. Tu partes hacia tu país y puede que no nos volvamos a ver jamás. Mi pobre corazón de hierro acaba de oxidarse.